Glosario electoral oaxaqueño
Enviado por Lourdes Morales Canales
Posted: 25 Jun 2010 02:52 PM PDT
El próximo 4 de julio se celebrarán elecciones en 14 entidades de la República, dentro de las cuales se encuentra Oaxaca. Este estado presenta complejidades específicas como lo son sus más de 400 municipios indígenas. Es importante que todos aquellos observadores que sigan el proceso electoral entiendan los siguientes conceptos:
Mapache: persona capacitada para alterar resultados electorales
Armadillo: persona encargada de los preparativos relacionados con una elección: mitin, acarreo, amenaza, compra y coacción del voto
Líder social: dícese de todo aquel individuo dispuesto a vender el movimiento que encabeza y que por lo general termina o exiliado en Canadá o con una candidatura a diputado.
Contar con la estructura: dícese de aquellas acciones destinadas a asegurar cierto número de simpatizantes (ya sea por convicción o por coacción) para aquellas acciones vinculadas a una elección.
"Pendientito": acuerdo verbal que se traducirá en un pago monetario o político por actuar a favor del partido político del Gobernador en turno (Nota: "ahí luego lo vemos").
Licitación: conjunto de normas, reglas y procedimientos destinados a adjudicar de manera directa un contrato a una empresa previamente seleccionada (de preferencia a un familiar y/o conocido y/o socio).
Órgano autónomo: dícese de todas aquellas instituciones cuyos empleados se encuentran implícita y explícitamente al servicio del Gobernador del Estado.
Legalidad: presencia de un sistema de leyes cuya aplicación y sanción (en caso de incumplimiento) es discrecional.
Reforma electoral: conjunto de acuerdos y disposiciones destinados a garantizar el máximo gatopardismo (cambiarlo todo para no cambiar nada).
Justicia electoral: diversos medios jurídico-técnicos de impugnación o control (juicios, recursos o reclamaciones) de los actos y procedimientos electorales, destinados a la protección auténtica o eficaz de los intereses del partido del Gobernador en turno.
Transparencia electoral: conjunto de acuerdos, actos y disposiciones destinados a ocultar la información y el acceso a la misma (sobre todo cuando se trata de partidos y simpatizantes adversos a los intereses del partido del Gobernador en turno).
Pluralidad política: cualidad o condición en la que más de un partido político piensa y actúa de la misma forma que el partido del Gobernador en turno.
Equidad de acceso a medios: multiplicidad de medios de información (prensa escrita y electrónica) cuya finalidad es destinar más del 80% del tiempo al partido del Gobernador en turno y a sus simpatizantes.
Convenio de medios: pago monetario o en especie realizado por el gobierno a dueños y directores de medios de comunicación, para que con ayuda del presupuesto público se puedan garantizar entrevistas, infomerciales y propaganda positiva en medios sin que haya controles, rendición de cuentas, ni sanciones al respecto.
Programas sociales: medidas de compensación financiadas con los impuestos de los contribuyentes y diseñadas por los gobiernos locales y federal para principalmente promover y condicionar el voto y, en su defecto, para generar la inclusión social.
viernes, 25 de junio de 2010
martes, 22 de junio de 2010
Recordando a Monsivais
Carlos Monsiváis
Miguel Ángel Granados Chapa
22 Jun. 10
Carlos Monsiváis murió en junio, el mes caro a Carlos Pellicer, cuyos contundentes poemas recitaba gozoso. Ésa era una primer combinación de las dotes que le prodigó la vida. Era memorioso y sensible. Lo recordaba todo de casi todo. Era capaz de repetir diálogos cruciales de las muchas películas que vio en público y en privado, en una de las primeras pantallas de televisión de gran tamaño que hubo en México, suficiente para apreciar creaciones de enorme ambición como Alexanderplatz. Pero no era un erudito convencional, capaz de traer a la conversación los datos pertinentes y aun los que no lo son. Su vasta información estaba viva, la aplicaba a la múltiple interlocución que mantenía con personas de toda laya. Por eso hubo multitudes en los actos fúnebres a que se le sometió. Porque Monsiváis ha sido un muerto de todos. Por eso sobraba la disputa sorda entre autoridades federales y capitalinas por la sede para tributarle homenaje (frase esta última merecedora de figurar en una próxima edición de Por mi madre, bohemios). Por eso carecía de sentido impugnar la presencia de funcionarios con los que Monsiváis hubiera tenido, y de hecho tuvo, trato civilizado, que nunca implicó sujeción ni respeto humano, en tanto que obstáculo para la crítica. Monsiváis practicaba, no sé si por haberla escuchado de su autor, o por convicción propia, la máxima de Manuel Buendía, su amigo entrañable: No escribir nunca sobre una persona nada que no sea posible decirle en una conversación cara a cara.
Monsiváis era ajonjolí de todos los moles. Se le podía escuchar en el principal noticiario de Televisa sin que por ello se adhiriera a las prácticas y los intereses de esa televisora. Descubrió los recovecos de una sociedad cada vez más heterogénea porque participaba de las nuevas formas de relación y de festejo de los jóvenes, de las minorías, de las expresiones culturales emergentes. Conquistó tempranamente su propia libertad y buena parte de su vida la entregó a extender a la sociedad esa libertad propia a la que nunca renunció.
Nació en las márgenes de la sociedad. La religión familiar, una confesión cristiana no católica, lo apartaba de la mayoría de los niños con los que convivía en la calle y en la escuela. Era, asimismo, un hijo sin padre. Durante muchos años Carlos Monsiváis usó únicamente el apellido de su madre, doña Ester, una figura central en la construcción de la personalidad de su hijo. Ya adulto aceptó reconocer la presencia paterna, usando como segundo apellido el que se le negó civilmente. Fue hijo del doctor Salvador Aceves, un eminente médico, subsecretario de Salubridad, presidente o animador de varias academias de su profesión.
Monsiváis se formó simultáneamente como intelectual y como militante. Su primera expresión de protesta, a los 16 años, consistió en concurrir a un mitin antiimperialista, en que se denunciaba la injerencia norteamericana en el golpe militar que derribó del poder en Guatemala a Jacobo Arbenz. Al mismo tiempo escribía ya. Examinaba con hondura sorprendente los libros que leía, lecturas insólitas para su medio y su tiempo. En muchos sentidos, aunque fuera alumno fallido y nunca ejerciera allí el magisterio formal, Monsiváis fue un hijo, una hechura de la Universidad Nacional. Cursó en ella estudios de economía y de filosofía y letras, y desplegó sus primeras incursiones literarias bajo el cobijo de la difusión cultural universitaria. La revista Medio siglo, dirigida en aquel momento por Sergio García Ramírez, su amigo hasta el fin de sus días, era una iniciativa estudiantil, pero apoyada por las autoridades de la Universidad. En Radio UNAM, igualmente, hizo historia su participación en El cine y la crítica, una emisión dirigida por Nancy Cárdenas cuyo título era fielmente cumplido: se hablaba, sí, de cine, pero también y sobre todo se ejercía la crítica social, la crítica política, la disección de los personajes del escenario nacional, que fue una de las tareas en que Monsiváis nunca cejó.
Ha dicho Horacio Franco, el gran flautista, presente en el funeral de Monsiváis, que si bien Carlos no salió del clóset fue central en la defensa de los derechos de los gay. Pienso que Monsiváis no tuvo necesidad de salir del clóset porque nunca estuvo dentro, porque con la discreción con que vivió su vida personal no hizo proclama alguna de su preferencia de género. Si nunca ocultó sus convicciones políticas no tenía por qué hacerlo en la elección de otros modos de vivir su vida.
Monsiváis fue pionero en la valoración de las culturas populares y la cultura de masas. Aquellas resultan de las vivencias de la gente, que prolonga tradiciones que le han sido legadas, o asume nuevas formas de relación. La cultura de masas es impuesta por los medios electrónicos y los intereses financieros que los hacen posibles. Monsiváis desentrañó esos fenómenos con sabia penetración de sociólogo y porque, como lo reivindicó Elena Poniatowska a la hora de su muerte, era un pensador.
Octavio Paz, con quien riñó y se amistó, quiso disminuirlo al decir que Monsiváis no tenía ideas sino ocurrencias. El poeta erró al no entender que Carlos era generador al mismo tiempo de ideas y de ocurrencias. Mente chispeante la suya, veloz y mordaz, producía un destello de luz que después se volvía fluido permanente, que vertía en sus libros, en sus conferencias, en sus conversaciones. Amén de extender a todos su propia libertad, Monsiváis quiso que sus saberes, vastos y profundos, fueran el saber de todos.
Cajón de sastre
Renunció el ingeniero Rafael Rangel Sostmann a la rectoría general del Tecnológico de Monterrey. Había ejercido ese cargo durante un prolongado y fructífero periodo, en que esa institución creció en las diferentes dimensiones en que es posible medirla. Hemos de preguntarnos si su dimisión no es un daño lateral de la guerra que libra el gobierno federal contra el narcotráfico. Recordemos que hace tres meses, el 19 de marzo, fueron muertos dos estudiantes de posgrado del Tec, en circunstancias que no han sido todavía cabalmente explicadas (ni siquiera se ha aclarado quién desposeyó a las víctimas de sus credenciales de identificación). El rector Rangel se sintió engañado por las primeras versiones de la autoridad y luego emprendió una campaña que implicaba una no muy velada denuncia de los excesos del Ejército. ¿Se lo han reprochado de este modo los patronos?
Miguel Ángel Granados Chapa
22 Jun. 10
Carlos Monsiváis murió en junio, el mes caro a Carlos Pellicer, cuyos contundentes poemas recitaba gozoso. Ésa era una primer combinación de las dotes que le prodigó la vida. Era memorioso y sensible. Lo recordaba todo de casi todo. Era capaz de repetir diálogos cruciales de las muchas películas que vio en público y en privado, en una de las primeras pantallas de televisión de gran tamaño que hubo en México, suficiente para apreciar creaciones de enorme ambición como Alexanderplatz. Pero no era un erudito convencional, capaz de traer a la conversación los datos pertinentes y aun los que no lo son. Su vasta información estaba viva, la aplicaba a la múltiple interlocución que mantenía con personas de toda laya. Por eso hubo multitudes en los actos fúnebres a que se le sometió. Porque Monsiváis ha sido un muerto de todos. Por eso sobraba la disputa sorda entre autoridades federales y capitalinas por la sede para tributarle homenaje (frase esta última merecedora de figurar en una próxima edición de Por mi madre, bohemios). Por eso carecía de sentido impugnar la presencia de funcionarios con los que Monsiváis hubiera tenido, y de hecho tuvo, trato civilizado, que nunca implicó sujeción ni respeto humano, en tanto que obstáculo para la crítica. Monsiváis practicaba, no sé si por haberla escuchado de su autor, o por convicción propia, la máxima de Manuel Buendía, su amigo entrañable: No escribir nunca sobre una persona nada que no sea posible decirle en una conversación cara a cara.
Monsiváis era ajonjolí de todos los moles. Se le podía escuchar en el principal noticiario de Televisa sin que por ello se adhiriera a las prácticas y los intereses de esa televisora. Descubrió los recovecos de una sociedad cada vez más heterogénea porque participaba de las nuevas formas de relación y de festejo de los jóvenes, de las minorías, de las expresiones culturales emergentes. Conquistó tempranamente su propia libertad y buena parte de su vida la entregó a extender a la sociedad esa libertad propia a la que nunca renunció.
Nació en las márgenes de la sociedad. La religión familiar, una confesión cristiana no católica, lo apartaba de la mayoría de los niños con los que convivía en la calle y en la escuela. Era, asimismo, un hijo sin padre. Durante muchos años Carlos Monsiváis usó únicamente el apellido de su madre, doña Ester, una figura central en la construcción de la personalidad de su hijo. Ya adulto aceptó reconocer la presencia paterna, usando como segundo apellido el que se le negó civilmente. Fue hijo del doctor Salvador Aceves, un eminente médico, subsecretario de Salubridad, presidente o animador de varias academias de su profesión.
Monsiváis se formó simultáneamente como intelectual y como militante. Su primera expresión de protesta, a los 16 años, consistió en concurrir a un mitin antiimperialista, en que se denunciaba la injerencia norteamericana en el golpe militar que derribó del poder en Guatemala a Jacobo Arbenz. Al mismo tiempo escribía ya. Examinaba con hondura sorprendente los libros que leía, lecturas insólitas para su medio y su tiempo. En muchos sentidos, aunque fuera alumno fallido y nunca ejerciera allí el magisterio formal, Monsiváis fue un hijo, una hechura de la Universidad Nacional. Cursó en ella estudios de economía y de filosofía y letras, y desplegó sus primeras incursiones literarias bajo el cobijo de la difusión cultural universitaria. La revista Medio siglo, dirigida en aquel momento por Sergio García Ramírez, su amigo hasta el fin de sus días, era una iniciativa estudiantil, pero apoyada por las autoridades de la Universidad. En Radio UNAM, igualmente, hizo historia su participación en El cine y la crítica, una emisión dirigida por Nancy Cárdenas cuyo título era fielmente cumplido: se hablaba, sí, de cine, pero también y sobre todo se ejercía la crítica social, la crítica política, la disección de los personajes del escenario nacional, que fue una de las tareas en que Monsiváis nunca cejó.
Ha dicho Horacio Franco, el gran flautista, presente en el funeral de Monsiváis, que si bien Carlos no salió del clóset fue central en la defensa de los derechos de los gay. Pienso que Monsiváis no tuvo necesidad de salir del clóset porque nunca estuvo dentro, porque con la discreción con que vivió su vida personal no hizo proclama alguna de su preferencia de género. Si nunca ocultó sus convicciones políticas no tenía por qué hacerlo en la elección de otros modos de vivir su vida.
Monsiváis fue pionero en la valoración de las culturas populares y la cultura de masas. Aquellas resultan de las vivencias de la gente, que prolonga tradiciones que le han sido legadas, o asume nuevas formas de relación. La cultura de masas es impuesta por los medios electrónicos y los intereses financieros que los hacen posibles. Monsiváis desentrañó esos fenómenos con sabia penetración de sociólogo y porque, como lo reivindicó Elena Poniatowska a la hora de su muerte, era un pensador.
Octavio Paz, con quien riñó y se amistó, quiso disminuirlo al decir que Monsiváis no tenía ideas sino ocurrencias. El poeta erró al no entender que Carlos era generador al mismo tiempo de ideas y de ocurrencias. Mente chispeante la suya, veloz y mordaz, producía un destello de luz que después se volvía fluido permanente, que vertía en sus libros, en sus conferencias, en sus conversaciones. Amén de extender a todos su propia libertad, Monsiváis quiso que sus saberes, vastos y profundos, fueran el saber de todos.
Cajón de sastre
Renunció el ingeniero Rafael Rangel Sostmann a la rectoría general del Tecnológico de Monterrey. Había ejercido ese cargo durante un prolongado y fructífero periodo, en que esa institución creció en las diferentes dimensiones en que es posible medirla. Hemos de preguntarnos si su dimisión no es un daño lateral de la guerra que libra el gobierno federal contra el narcotráfico. Recordemos que hace tres meses, el 19 de marzo, fueron muertos dos estudiantes de posgrado del Tec, en circunstancias que no han sido todavía cabalmente explicadas (ni siquiera se ha aclarado quién desposeyó a las víctimas de sus credenciales de identificación). El rector Rangel se sintió engañado por las primeras versiones de la autoridad y luego emprendió una campaña que implicaba una no muy velada denuncia de los excesos del Ejército. ¿Se lo han reprochado de este modo los patronos?
lunes, 21 de junio de 2010
NECEDAD
NECEDAD
Necedad de quererte, de amarte, de aceptarte,
necedad de mi cuerpo, de mi alma, de mi espíritu
de estar junto a ti.
Necedad es el suplicio de un corazón
no correspondido,
Amor de un solo lado.
Necedad de penetrar tu intimidad, necedad
de quemarme en el fuego de tu pasión, de mi pasión.
Necedad del infierno de tu desdén
Necedad de amar…
Necesidad del corazón…
Necedad de quererte, de amarte, de aceptarte,
necedad de mi cuerpo, de mi alma, de mi espíritu
de estar junto a ti.
Necedad es el suplicio de un corazón
no correspondido,
Amor de un solo lado.
Necedad de penetrar tu intimidad, necedad
de quemarme en el fuego de tu pasión, de mi pasión.
Necedad del infierno de tu desdén
Necedad de amar…
Necesidad del corazón…
domingo, 20 de junio de 2010
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